Por: Redacción Philatinos
FILADELFIA – En el marco de la celebración del orgullo oaxaqueño, el programa «Suspiro por verte» de Filatinos Radio recibió al destacado escultor y artista multidisciplinario Yubé Ortiz. Con una trayectoria que abarca desde la Facultad de Derecho hasta la Escuela de Bellas Artes en París, Ortiz compartió cómo sus raíces en Santa Catalina Chinango y la herencia de su padre, el maestro Tiburcio Ortiz, han definido una carrera dedicada a exportar la riqueza cultural de México al mundo.
De las leyes al bronce: Una vocación inquebrantable
Aunque Yubé Ortiz inició su formación profesional en el derecho, el llamado del arte fue superior. «Me casé con el arte», afirmó durante la entrevista, destacando que, a pesar de los desafíos económicos que suelen asociarse con las humanidades, la pasión por crear es lo que otorga la verdadera madurez profesional. Su formación no solo fue académica; creció en el taller de su padre, donde aprendió que el arte es un lenguaje de resistencia y disciplina.
Su experiencia internacional en Francia y Suiza, así como su paso por Nueva York, le permitieron entender que el arte mexicano es uno de los productos más valiosos que el país ofrece globalmente. «Si México exporta algo al mundo, es arte y cultura; eso es lo más valioso que podemos dar», señaló el escultor.
La naturaleza de Oaxaca como musa
Para Ortiz, la geografía oaxaqueña no es solo un lugar de origen, sino una fuente inagotable de formas y colores. Sus obras, con títulos como «Agave» y «Milpa», reflejan una conexión profunda con la tierra:
- El Agave: Representa para él la fuerza y la resistencia, una planta que prospera bajo el sol inclemente para dar frutos de vida.
- La Milpa: Simboliza la fertilidad y la base alimenticia de la comunidad, conceptos que traduce a materiales como el bronce y el acero.
«En el mundo, si uno dice que es mexicano, inmediatamente surge el tequila, la música, el sol y el arte. Por eso somos conocidos.» — Yubé Ortiz
El impacto de la migración en la creatividad
Ortiz reflexionó sobre el fenómeno de la «añoranza del color». Al vivir en climas grises de Europa o el noreste de Estados Unidos durante el otoño, el artista siente una urgencia por pintar con la paleta vibrante de Oaxaca. Esta carencia se convierte en motor creativo, una experiencia compartida por muchos migrantes que, al estar lejos de su tierra, valoran y refuerzan su identidad cultural con mayor fuerza.
Contexto Informativo: El Arte como Motor Comunitario
Según datos del Censo de los Estados Unidos, la población de origen oaxaqueño ha crecido significativamente en centros urbanos como Nueva York y Filadelfia, estableciendo redes culturales que preservan tradiciones como la Guelaguetza y el uso de lenguas indígenas (mixteco y zapoteco). Artistas como Yubé Ortiz juegan un papel crucial en este ecosistema, no solo como creadores, sino como educadores que, a través de plataformas digitales, conectan a las nuevas generaciones de la diáspora con sus raíces técnicas y estéticas.
«No tengan miedo. Si sienten esa pasión, síganla. Busquen en sus raíces la inspiración, porque ahí está lo que los hace únicos.» — Yubé Ortiz





















